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Empleo juvenil: ¡A derribar las barreras de género en empleo de los jóvenes! La juventud es un momento en que la vida se colma de promesas, aspiraciones y energía. En esta etapa, hombres y mujeres desean con profundo fervor asegurar el futuro y contribuir a sus familias, comunidades y a la sociedad. Se trata de un momento en la vida de importancia crucial para determinar el camino que los jóvenes emprenderán para lograr un empleo productivo y un trabajo decente. En los próximos diez años, más de mil millones de jóvenes ya estarán en edad de comenzar a trabajar. El desafío que enfrentan los países del mundo es brindarles la oportunidad de que logren el acceso a un empleo seguro y productivo y al trabajo decente. No nos sorprende que el trabajo de los jóvenes sea un tema que concita enorme interés en la comunidad internacional. Ésta será la generación de hombres y especialmente de mujeres jóvenes con mejor nivel de educación y capacitación de todos los tiempos. Con sus aptitudes pueden hacer florecer las comunidades y fortalecer a las naciones; buscar oportunidades para lograr la autonomía personal y una ciudadanía activa. Es cierto que recibimos más niños y niñas en las escuelas, pero no logramos insertarlos en el empleo productivo y el trabajo decente.
Mientras el ritmo acelerado de la globalización y del cambio tecnológico puede ofrecer nuevas oportunidades de trabajo productivo e ingresos para algunos, para muchos jóvenes la falta de oportunidades para acceder a un trabajo digno aumenta su vulnerabilidad. Las inversiones en educación y capacitación que hacen los gobiernos quedarán en nada si los jóvenes no tienen mayores posibilidades de ocupar empleos productivos que les permitan mantenerse, contribuir a los ingresos familiares y cumplir con sus deberes públicos. Sin embargo, en general, el nivel de desempleo de las mujeres y de los hombres jóvenes duplica o triplica el de los adultos, y esta desproporción afecta especialmente a las mujeres jóvenes. Con mucha frecuencia, trabajan demasiadas horas, sufren inseguridad laboral, sus contratos son a menudo informales e intermitentes, y se caracterizan por la baja productividad, menores ingresos y la escasa protección laboral. Los índices de participación en la fuerza laboral de las mujeres jóvenes son inferiores a los de los hombres de su misma edad. La brecha de participación de los jóvenes vs. la de las jóvenes es muy pronunciada en el sur de Asia (35 puntos porcentuales) y en el Medio Oriente y la zona norte de África (29 puntos porcentuales). Las brechas reflejan principalmente las diferentes tradiciones culturales y la falta de oportunidades para las mujeres que combinan trabajo y obligaciones familiares. Esto no sólo sucede en el mundo en desarrollo sino también en los países industrializados. El escaso valor que se atribuye a las aportaciones económicas de las mujeres y las opiniones imperantes acerca de que el ingreso de ellas es tan solo el segundo o tercer ingreso familiar, contribuyen a que esta realidad no cambie. Es posible que las discriminen pues la percepción general es que apenas se casen y tengan hijos, serán menos productivas o dejarán de trabajar. Muchas jóvenes se desaniman ante esta situación y se preguntan si los logros académicos son en verdad el camino a un empleo acorde con sus calificaciones. Uno de los desafíos que se plantea en esta área es abordar la segregación con los empleos que tradicionalmente han sido aceptados como “masculinos” y “femeninos” y romper las barreras para que se abra un nuevo panorama de profesiones para ambos sexos. De a poco, casi sin darse cuenta de los derechos legales que tienen, y a menudo sin modelos para las funciones que ocupan, las mujeres van penetrando en profesiones que tradicionalmente han estado dominadas por hombres. Las jóvenes, especialmente en los países en desarrollo, no pueden aprovechar las oportunidades de capacitación debido a las restricciones de ingreso, la discriminación en el momento de la selección y el estereotipo de género. Si se mejora el acceso a oportunidades de capacitación en las que no exista segregación por género, se logrará aumentar el nivel de empleo de las jóvenes y mejorar sus futuros ingresos y condiciones socioeconómicas. Las iniciativas deberán contar también con esfuerzos de orientación vocacional que se adecuen mejor a las capacidades y necesidades, y complementar con servicios de asesoramiento, que tengan en cuenta las cuestiones de género para que las jóvenes puedan desarrollar todo su potencial. Publicaciones seleccionadas de la OIT sobre empleo juvenil (américa látina) Descargar Postal Descargar Informe
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